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lunes, 15 de enero de 2018

jueves, 11 de enero de 2018

lunes, 8 de enero de 2018

COMPORTAMIENTO Y VALORES

Para los niños el afecto es una de las principales necesidades que tienen para sentir seguridad y para empezar a desarrollar la autoestima. La familia tiene la responsabilidad de cuidar, proteger y proveer de cariño a sus hijos. Los niños que crecen rodeados de afecto, de comunicación y de disciplina, estarán más asentados emocionalmente.

No hay que esperar que el niño haga algo excepcional para elogiarle y mostrarle afecto. Un beso, una caricia, una mirada o una palabra hará que se sienta querido. De ese modo reforzaremos su autoestima y desarrollaremos su propia capacidad afectiva.

No hay que confundir el afecto con la sobreprotección, no con el exceso de mimo, pues esto impedirá el desarrollo de su autonomía personal. Los niños necesitan vivir con unas normas de convivencia y comportamiento, siempre dentro de un marco de disciplina estable que les proporcione seguridad. Será tarea de los padres que sus hijos vayan construyendo una escala de valores que les permita distinguir lo bueno y lo malo, lo que está bien y lo que está mal. 

Es bueno compaginar el afecto y la autoridad. Ya desde pequeños es importante marcarles límites y normas en aspectos relacionados con la alimentación, el sueño y los juegos. Deben ser los padres quienes lleven las riendas para que se sientan más seguros, siempre dándoles razonamientos adaptados a su edad.
En todo momento debe existir una línea clara y coherente a seguir entre el padre y la madre. No hay nada peor que quitarse la autoridad unos a otros, sobre todo, si se hace delante de los pequeños.

Si al clima de afecto, de disciplina, añadimos la comunicación y el diálogo productivo se fortalecerá la relación entre los padres y los hijos. A través de la comunicación se pueden resolver los conflictos que se plantean día a día y conocer mejor las necesidades, los intereses, las emociones y los sentimientos de los niños.

Una de las tareas más importantes en la educación y formación de los hijos es la de enseñarles a ser responsables. Para que comprendan y pongan en práctica el sentido de la responsabilidad, se requiere de información, orientación, paciencia, constancia, confianza... Hay que permitir que participen en la toma de decisiones, darles la oportunidad de asumir las consecuencias de sus acciones, comprender los fracasos y limitaciones y elogiar sus logros.

Los niños deben saber que cuentan con el apoyo incondicional de sus padre y éstos deben enseñarles con el ejemplo (es más fácil que el niño sea responsable di ve que sus padres también lo son).

Algunas medidas que los padres pueden llevar a cabo para fomentar este valor son:

* Enseñarle a poner atención y cuidado en lo que hace.

* No hay que pedirle que haga algo que aún no ha aprendido.

* Establecer normas generales, que el niño asumirá conforme vaya creciendo.

* Asignar primero tareas muy simples para ir pidiéndole, poco a poco, otras más complejas. 

* Ser claros para que entienda bien lo que se espera de él.

* Explicar paso a paso lo que el pequeño debe hacer. Las tareas deben tener una dificultad moderada y progresiva, adaptada a la edad.

* Felicitarle y elogiarle cuando hace las cosas bien.

* Enseñarle a valerse por si mismo, que vaya siendo más autónomo y capaz de realizar cada vez mejor diferentes tareas.

Aunque sean pequeños, siempre hay tareas que pueden hacer: recoger sus juguetes, llevar las servilletas a la mesa, colocar su ropa...
Los padres deben ser firmes, coherentes y pacientes, estableciendo horarios, reglas, normas, costumbres y rutinas lo más regulares posibles.

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lunes, 1 de enero de 2018